En septiembre, cuando todavía se alcanzan los 30 ºC, las plantas empiezan a cambiar de comportamiento. No están respondiendo al calor ni a la lluvia; están midiendo algo mucho más fiable.
Rosa Moreira es licenciada en Ciencias y Tecnología del Medio Ambiente y tiene un máster en Ingeniería Agronómica por la Universidad de Oporto, además de un posgrado en Sistemas de Información Geográfica aplicados a los recursos agroforestales y medioambientales por la Universidad Abierta. Comenzó su trayectoria profesional como técnica de laboratorio en el sector de la biotecnología y posteriormente trabajó en EDP, en el Instituto Nacional de Estadística, en el equipo del Censo Agrícola, y en la Escuela Superior de Biotecnología de la Universidad Católica Portuguesa, como técnica de investigación. Actualmente es consultora de proyectos agroambientales y se dedica a la educación y la divulgación de la ciencia agrícola. En 2018 fundó "A Cientista Agrícola", un proyecto que traduce los conocimientos técnicos a un lenguaje accesible para quienes se inician en el cultivo, a través de formación en línea, vídeos, podcasts y boletines informativos. Imparte formación a agricultores principiantes, participa en eventos del sector y ha colaborado en campañas europeas de agricultura sostenible.
En septiembre, cuando todavía se alcanzan los 30 ºC, las plantas empiezan a cambiar de comportamiento. No están respondiendo al calor ni a la lluvia; están midiendo algo mucho más fiable.
De la noche a la mañana aparecen espigas blancas en la parte superior, y las hojas ya no saben como antes. No es falta de destreza; es el propio calendario el que dicta el comportamiento de la planta.