¿Los brontosaurios eran más o menos rápidos que un ser humano? Dos profesores españoles lo revelan

¿Habría podido un humano adelantar a un brontosaurio o un mamut? Un nuevo estudio español pone cifras reales a su velocidad y rompe décadas de mitos.

Un estudio ha revelado la velocidad de los saurópodos y los mamuts. Hemos comparado las conclusiones con un ser humano en carrera. Imagen generada con IA: Chat GPT.
Un estudio ha revelado la velocidad de los saurópodos y los mamuts. Hemos comparado las conclusiones con un ser humano en carrera. Imagen generada con IA: Chat GPT.

La imagen clásica es conocida: un brontosaurio avanzando a zancadas como si pudiera arrasar una ciudad y un mamut capaz de embestir a toda velocidad. Sin embargo, un estudio en el que han participado dos profesores españoles desmonta esta idea. Los mayores animales terrestres que han existido eran bastante más lentos de lo que se pensaba, y sus límites de velocidad se parecen más a ritmos humanos que a persecuciones de cine.

La investigación revisa cómo se desplazaban los grandes dinosaurios herbívoros, los mastodontes y los distintos mamuts. La clave no está solo en su tamaño, sino en algo más básico, qué permite la biomecánica cuando un cuerpo pesa varias toneladas. Y ahí, la física impone reglas muy claras.

El tamaño importa (y mucho)

En los animales terrestres existe una relación directa entre masa corporal y velocidad máxima. A partir de unos 100 kilos, cuanto mayor es el peso, más difícil resulta moverse rápido sin poner en riesgo huesos, músculos y articulaciones. En los gigantes, la estabilidad y la eficiencia pesan más que la velocidad.

Además, no todos los animales se mueven igual. Los grandes herbívoros, tanto actuales como extintos, son graviportales, lo que significa que tienen patas rectas, en forma de columna, diseñadas para soportar enormes cargas. Este tipo de locomoción es segura y eficiente, pero penaliza la velocidad punta.

El ejemplo actual, los elefantes

Para entender a los colosos del pasado, el mejor espejo son los elefantes, los animales terrestres más grandes que viven hoy. A pesar de su potencia, no superan los 25 kilómetros por hora. Incluso ellos tienen un límite claro marcado por la biomecánica.

Los elefantes no superan los 25 kilómetros por hora
Los elefantes no superan los 25 kilómetros por hora

Este dato es clave porque algunos modelos antiguos sobre dinosaurios y mamuts predecían velocidades muy superiores. El problema es que esas ecuaciones mezclaban animales con anatomías muy distintas, lo que llevaba a sobrestimar de forma notable la velocidad real de los gigantes.

Cuando los colosos van “a ritmo humano”

Al recalcular las velocidades usando solo datos comparables, el resultado es sorprendente. El mamut lanudo, con unas seis toneladas, habría sido el más rápido del grupo, superando ligeramente los 20 km/h. Traducido a una referencia humana, es un ritmo alto, exigente, pero lejos de un sprint.

El Mammut borsoni, que pudo alcanzar las 16 toneladas, apenas habría superado los 15 km/h. Es decir, una carrera continua alegre, perfectamente imaginable para una persona entrenada, pero nada parecida a una huida desesperada.

Mamuts y humanos compartiendo paisaje

Especialmente llamativos son los datos de los mamuts del sur de la península ibérica. El Mammuthus meridionalis, contemporáneo de los primeros humanos de Europa occidental, se movería a unos 18 km/h, incluso en ejemplares excepcionales de hasta 14 toneladas.

Los humanos que convivieron con estos animales no se enfrentaban a “tanques imparables”
Los humanos que convivieron con estos animales no se enfrentaban a “tanques imparables”

Esto significa que los humanos que convivieron con estos animales no se enfrentaban a “tanques imparables”, sino a gigantes cuya velocidad máxima entraba en rangos comparables al esfuerzo humano sostenido, no al de un depredador veloz.

Dinosaurios gigantes… todavía más lentos

Los dinosaurios saurópodos salen aún peor parados en la comparación. El colosal Argentinosaurus, uno de los mayores animales terrestres conocidos, no habría pasado de los 10 km/h. Ese ritmo se parece más a un trote muy suave o incluso a una caminata rápida.

En Europa, el Turiasaurus, descubierto en Teruel, alcanzaría como máximo unos 11,8 km/h. De nuevo, cifras muy alejadas de la imagen de un dinosaurio corriendo a toda velocidad detrás de su entorno.

Estos animales no eran lentos por torpeza, sino porque la física del gigantismo impone límites estrictos. Su éxito evolutivo no dependía de correr más, sino de su tamaño, su resistencia y su eficiencia energética.

Referencia de la noticia

Javier Ruiz, Anthony Romilio, Juha Saarinen, et al.(2025) The body mass-maximum speed relationship and the athletic capability of giant proboscideans and sauropods. Scientific Reports.