El tiempo no se detiene en el espacio: un estudio revela por qué estar en órbita acelera nuestro reloj biológico

Un estudio reveló que la radiación cósmica y la microgravedad provocan cambios en el hígado similares al envejecimiento acelerado. El descubrimiento podría ayudar a proteger a los astronautas y desarrollar nuevas terapias para retrasar enfermedades asociadas a la edad.

La astronauta de la NASA Tracy Caldwell Dyson observa la Tierra desde la cúpula de la Estación Espacial Internacional. Crédito: NASA.
La astronauta de la NASA Tracy Caldwell Dyson observa la Tierra desde la cúpula de la Estación Espacial Internacional. Crédito: NASA.

¿Puede un viaje a Marte hacer que un órgano envejezca décadas en apenas unos días? Esa es la inquietante pregunta que motivó a un equipo de investigadores de la Universidad de Florida Central (UCF), en Estados Unidos, cuyos resultados sugieren que la exposición al ambiente espacial desencadena alteraciones biológicas sorprendentemente similares a las que ocurren durante el envejecimiento natural.

La investigación, publicada recientemente en la revista GeroScience, analizó cómo la combinación de microgravedad y radiación cósmica afecta al organismo a nivel molecular. Los científicos centraron su atención en el hígado, uno de los órganos metabólicos más importantes del cuerpo y especialmente sensible a las alteraciones fisiológicas.

"Lo que encontramos fue que apenas 24 horas después de la exposición a la radiación ya aparecían numerosos cambios genéticos muy parecidos a los que observamos durante el proceso normal de envejecimiento", explicó Michal Masternak, profesor de la Facultad de Medicina de la UCF y director del estudio. Según el investigador, si una persona permaneciera mucho más tiempo en el espacio, el daño potencial podría ser considerablemente mayor.

Un experimento que simuló un viaje al planeta rojo

Para recrear las condiciones de una misión de larga duración, los investigadores desarrollaron en laboratorio un entorno que imitó el espacio profundo. Los modelos animales permanecieron durante catorce días sometidos a microgravedad simulada y recibieron dosis de radiación cósmica galáctica y partículas solares equivalentes a las que experimentarían los astronautas durante un viaje a Marte.

Apenas 24 horas después de la exposición a la radiación ya aparecían numerosos cambios genéticos muy parecidos a los que observamos durante el proceso normal de envejecimiento.

Los efectos fueron evidentes. El hígado presentó un aumento de la senescencia celular, un proceso en el que las células dejan de funcionar correctamente, junto con mayores niveles de inflamación y fibrosis. Si estas alteraciones persisten en el tiempo, pueden deteriorar progresivamente el funcionamiento del órgano e incluso conducir a una insuficiencia hepática.

El equipo eligió estudiar el hígado porque actúa como un verdadero centro de control del metabolismo. Su respuesta frente al estrés extremo permite detectar con rapidez alteraciones que podrían extenderse a otros sistemas del organismo.

Los mismos cambios aparecieron en astronautas

Uno de los aspectos más sólidos del estudio fue la validación de los resultados con datos obtenidos en misiones espaciales reales. Los investigadores compararon los cambios genéticos observados en el laboratorio con muestras de sangre de astronautas del histórico proyecto NASA Twins Study y de la misión privada Inspiration4.

El profesor de la UCF, Michal Masternak, y el estudiante de doctorado en ciencias biomédicas, Md Tanjim Alam. Crédito: Eddy Duryea '13.
El profesor de la UCF, Michal Masternak, y el estudiante de doctorado en ciencias biomédicas, Md Tanjim Alam. Crédito: Eddy Duryea '13.

La coincidencia entre ambos conjuntos de datos fortaleció la hipótesis de que las alteraciones detectadas no son un fenómeno exclusivo de los modelos experimentales, sino que reflejan procesos biológicos que también ocurren en seres humanos expuestos al ambiente espacial.

Este hallazgo permitió identificar posibles objetivos moleculares sobre los cuales desarrollar estrategias para proteger a quienes participen en futuras misiones de larga duración hacia la Luna o Marte.

Un posible camino hacia nuevas terapias contra el envejecimiento

La investigación fue un paso más allá al identificar un grupo de moléculas conocidas como antagomirs, capaces de interactuar con los microARN del organismo y modificar diversas rutas genéticas relacionadas tanto con el envejecimiento como con la inflamación.

Aunque se trata todavía de una línea de investigación temprana, los científicos consideran que estas moléculas podrían convertirse en la base de futuros tratamientos destinados a reducir el deterioro celular acelerado que produce el espacio.

Las implicancias, sin embargo, trascienden ampliamente la exploración espacial. Estudiar el envejecimiento en la Tierra suele requerir décadas de seguimiento, mientras que las condiciones extremas del espacio parecen acelerar ese proceso en cuestión de días o semanas. Esto ofrece una oportunidad inédita para comprender con mayor rapidez los mecanismos biológicos que desencadenan el deterioro de los órganos.

Para Masternak, el envejecimiento no se limita a la aparición de arrugas o cambios estéticos. Se trata de un proceso complejo en el que múltiples órganos y sistemas comienzan a perder funcionalidad de manera simultánea. Comprender cómo se inicia esa cascada de eventos podría permitir desarrollar terapias capaces de retrasar enfermedades asociadas a la edad, preservar la función de los órganos y mejorar la calidad de vida de millones de personas.

Mientras las agencias espaciales avanzan con los preparativos para futuras misiones tripuladas a la Luna y Marte, investigaciones como esta muestran que la exploración del espacio no solo ayudará a proteger a los astronautas. También podría convertirse en una herramienta clave para descifrar uno de los mayores desafíos de la medicina moderna: entender por qué envejecemos y cómo ralentizar ese proceso.