Ya hay 6.000 satélites y habrá hasta 100.000 antes de 2030: el gran reto ya no es lanzarlos, sino mantenerlos en órbita
Cerca de 16.000 satélites ya orbitan la Tierra y las previsiones sitúan la cifra entre 60.000 y 100.000 antes de acabar la década. Mantenerlos operativos será el gran desafío.

Actualmente, unos 16.000 satélites rodean la Tierra y forman parte de infraestructuras de uso diario. Gracias a ellos funcionan el GPS, la predicción meteorológica, las operaciones bancarias, los servicios de emergencia y buena parte de las comunicaciones por Internet. Sin esa red orbital, muchas actividades habituales dejarían de funcionar con normalidad. Su importancia aumenta al mismo ritmo que lo hace el número de lanzamientos espaciales.
Las cifras previstas muestran un cambio de dimensión. Cada pocas semanas despegan decenas de nuevos satélites y algunas estimaciones sitúan el total por encima de los 100.000 antes de terminar la década. Otras previsiones hablan de unos 60.000 en 2030. En cualquiera de los casos, la consecuencia es la misma: gestionar una órbita mucho más ocupada sin comprometer la seguridad ni el funcionamiento de los sistemas ya existentes.
Posible caos en una órbita cada vez más ocupada
El crecimiento de las grandes constelaciones incrementa varios riesgos al mismo tiempo. La contaminación lumínica dificulta las observaciones astronómicas y el aumento del tráfico espacial eleva la probabilidad de impactos entre objetos. A ello se suma la acumulación de basura espacial, formada por satélites fuera de servicio y fragmentos generados durante décadas de actividad.

Entre los escenarios más preocupantes figura el “Síndrome de Kessler”. Este fenómeno describe una cadena de colisiones que produce cada vez más restos orbitando alrededor del planeta. Si esa situación llegara a producirse, la cantidad de fragmentos podría impedir durante mucho tiempo el lanzamiento de nuevas misiones y limitar el uso de determinadas órbitas.
También existen riesgos asociados al envejecimiento de los propios satélites. Cuando dejan de operar correctamente pueden acabar chocando con otros objetos o regresar a la atmósfera sin control. A diferencia de un avión o un vehículo, no existe la posibilidad de llevarlos a un taller una vez que han alcanzado el espacio.
Cómo se vigila el estado de miles de satélites
La supervisión de estos equipos se realiza desde estaciones terrestres mediante datos de telemetría. Los ingenieros analizan de forma constante información relacionada con las baterías, el consumo energético, las temperaturas y el comportamiento de los sistemas de a bordo. Ese seguimiento permite detectar anomalías antes de que aparezcan averías de mayor importancia.

Este modelo ha demostrado su eficacia durante años, aunque el aumento del número de satélites obliga a buscar nuevas herramientas. Cuando las constelaciones están formadas por cientos o miles de unidades, el análisis exclusivamente humano resulta mucho más complejo y requiere métodos capaces de procesar grandes volúmenes de información, como la Inteligencia Artificial.
Uno de los elementos que más preocupa son las baterías. Igual que ocurre con un teléfono móvil o un coche eléctrico, su capacidad disminuye con el paso del tiempo. Detectar ese desgaste con antelación permite modificar el funcionamiento del satélite, reducir el consumo eléctrico, reorganizar determinadas tareas o desconectar temporalmente sistemas secundarios para prolongar su vida útil.
Cómo detectar averías antes de que aparezcan
Diversos equipos científicos trabajan con modelos de aprendizaje automático capaces de reconocer señales tempranas de deterioro utilizando datos históricos. En una investigación reciente se empleó información pública sobre baterías de satélites de la NASA para comprobar si estos sistemas pueden anticipar la evolución de su rendimiento antes de que se produzca un fallo.

Otra línea de trabajo estudia el aprendizaje federado. En lugar de enviar continuamente grandes cantidades de datos a la Tierra, cada satélite procesa su propia información y comparte únicamente el conocimiento obtenido. Este método reduce el consumo de energía, el uso del ancho de banda y la cantidad de información transmitida entre el espacio y los centros de control.
Pese a sus posibilidades, estos sistemas requieren una validación muy exigente antes de utilizarse en misiones reales. Los modelos deben superar pruebas con datos históricos, simulaciones y ensayos de laboratorio. Además, las decisiones relacionadas con las operaciones más sensibles continúan bajo supervisión humana. Con decenas de miles de satélites previstos para los próximos años, mantener su estado y anticipar las averías será tan importante como seguir enviando nuevos equipos al espacio.
Referencia de la noticia
Jan, Tony. (2026). There are already 16,000 satellites in Earth’s orbit. How will we manage the next 100,000?.