¿Qué pasa con el polvo lunar después de millones de años expuesto al espacio? La diferencia entre el viejo y el nuevo
Una investigación revela que el desgaste extremo del suelo lunar altera su reflejo ultravioleta, dificultando la localización de metales valiosos como el titanio para futuras bases espaciales permanentes.

Vivir fuera de nuestro planeta requiere, obligatoriamente, aprender a leer el terreno que pisamos. Actualmente, la ciencia confía en las naves que orbitan la Luna para detectar depósitos minerales mediante escaneos de luz. Sin embargo, un fenómeno conocido como “meteorizado espacial” está volviendo locos a los expertos, ya que el bombardeo solar transforma la piel de la Luna hasta volverla irreconocible.
El equipo del Southwest Research Institute se ha centrado en el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) para entender por qué las lecturas fallan. El problema es serio: el regolito “antiguo” o polvo lunar viejo tiene la capacidad de camuflar elementos químicos esenciales. Lo que antes creíamos entender sobre el mapa de recursos lunares está bajo una revisión profunda debido a este envejecimiento mineral.
El "meteorizado espacial" y el secreto del ultravioleta
La exploración moderna ya se fía solamente de lo que el ojo humano ve. Para desentrañar qué hay bajo el suelo, se utiliza el ultravioleta lejano, un rango energético donde la cámara del LRO busca pistas invisibles. El obstáculo surge cuando los datos varían drásticamente dependiendo de la zona analizada, sugiriendo que la madurez del terreno altera los resultados.

Al estudiar tierras que han soportado millones de años de clima cósmico, se observa una degradación física extrema. Y no se trata sólo de un cambio estético, es una metamorfosis estructural que confunde a los sensores orbitales. Esta exposición prolongada al vacío genera una pátina que actúa como un velo, impidiendo que los instrumentos identifiquen correctamente la riqueza del subsuelo.
Los científicos compararon rocas recolectadas por distintas misiones Apolo para verificar esta teoría. Analizaron tanto tierras de superficie muy castigadas como muestras extraídas de zanjas profundas, consideradas material joven. Al pasar estas piedras por microscopios electrónicos, descubrieron que el tiempo en el espacio cambia radicalmente la forma en que los granos de polvo interactúan con la energía solar.
Por qué el polvo lunar antiguo refleja la luz al revés
Uno de los hallazgos más impactantes es la aparición de minúsculas esferas metálicas en las muestras de polvo viejas. Este fenómeno, apodado como “acné de hierro”, se origina por el impacto constante del viento solar. Estas partículas nanométricas, además de ensuciar el mineral, crean una superficie rugosa y áspera tras eones de microchoques de meteoritos.

Esta textura cambia las reglas de la óptica en el espacio. Mientras que el polvo joven y suave dispersa la luz hacia adelante, alejándola del emisor, el material viejo hace lo contrario. Debido a su rugosidad, el suelo antiguo produce una retrodispersión, enviando el brillo de vuelta a su origen. Esto provoca que el terreno más nuevo se perciba el doble de radiante.
La consecuencia directa es que el brillo de la superficie ya no depende solamente de su química, también de cuánto tiempo lleva allí. Un suelo brillante no es necesariamente distinto en composición a uno oscuro; simplemente puede ser más reciente. Esta distorsión física es la que está empañando los mapas que los futuros astronautas necesitarán para sobrevivir y extraer materiales.
El desafío de hallar titanio en un mapa borroso
El descubrimiento más preocupante para la minería espacial es que el desgaste iguala visualmente cosas que son distintas. En el espectro ultravioleta, una zona volcánica cargada de titanio se ve casi idéntica a una zona de tierras altas pobre en metales si ambas son viejas. El “meteorizado espacial” borra las huellas dactilares químicas de los minerales, haciendo que todo parezca lo mismo.

Existe una contradicción fascinante entre lo que vemos en el laboratorio y lo que el satélite LRO detecta desde el espacio. En órbita, el suelo joven parece más rojizo y menos brillante, algo que podría deberse a la textura esponjosa que el polvo pierde al ser guardado en botes por los astronautas. Esta diferencia indica que aún nos queda mucho por aprender sobre la física del suelo lunar.
Entender la edad de la superficie se ha vuelto una prioridad absoluta para no aterrizar en el lugar equivocado. Para asegurar el éxito de las próximas colonias, la ciencia deberá combinar múltiples tipos de luz y ondas. Sólo así podremos traspasar la barrera del tiempo y descubrir los tesoros que el polvo milenario intenta ocultar bajo su costra de hierro.
Referencia de la noticia:
SwRI / EurekaAlert - Lunar soil analyses reveal how space weathering shapes the Moon’s ultraviolet reflectance
C.J. Gimar et al - The Influence of Space Weathering on the Far-Ultraviolet Reflectance of Apollo-Era Soils