Viajes interplanetarios: experimentos para eliminar el principal riesgo para el cuerpo humano

Las misiones tripuladas a Marte son una realidad cada vez más cercana, previstas para la próxima década, pero aún quedan algunos obstáculos por superar. Uno de los más importantes tiene que ver con la reacción del cuerpo humano a la gravedad

Representación en 3D de una puesta de sol en Marte
Representación en 3D de una puesta de sol en Marte

La primera expedición humana a Marte está a la vuelta de la esquina. Tanto la NASA como la Agencia Espacial Nacional China (CNSA) tienen proyectos que deberían materializarse relativamente pronto, en la próxima década.

Entre las diversas dificultades que aún quedan por afrontar, una de las más graves está relacionada con la ausencia de gravedad, que en el planeta rojo es aproximadamente el 38 % de la de la Tierra.

Aún más problemático es el viaje, durante el cual la gravedad estaría completamente ausente durante un período prolongado.

La diferencia con las misiones anteriores a la Luna radica precisamente en la duración. Un viaje a Marte duraría entre seis y ocho meses solo de ida, mientras que los astronautas que caminaron sobre la Luna regresaron antes de que la ingravidez se convirtiera en un problema grave.

Encontrar una solución es ahora una prioridad.

Ingravidez y daños a largo plazo

En un viaje a Marte, un período prolongado en gravedad cero expone a los astronautas a daños en sus huesos, músculos, sistema cardiovascular y metabolismo, con probables efectos a largo plazo.

Por este motivo, estudios recientes realizados por un equipo internacional se centran en los efectos de la baja gravedad sobre el cuerpo humano y en los posibles métodos para contrarrestarlos.

El tejido muscular esquelético es el más grande y constituye el 40 % de la masa corporal. Particularmente sensible, es esencial no solo para el movimiento sino también para la salud metabólica.

Sin embargo, los datos disponibles sobre los efectos de la ingravidez prolongada aún son demasiado limitados, razón por la cual los primeros experimentos con ratones se llevaron a cabo en la ISS, lo que ha abierto nuevas posibilidades de solución.

Los primeros experimentos

Los ratones fueron introducidos en un dispositivo llamado MARS (Multiple Artificial-gravity Research System), capaz de simular cuatro niveles diferentes de baja gravedad, durante un período de veintiocho días.

Al finalizar el período de observación, el equipo de Marie Mortreaux, científica del Laboratorio de Biología Muscular de Rhode Island, realizó análisis sobre los sujetos.

Las pruebas analizaron huesos, músculos y metabolitos, sustancias químicas presentes en la sangre. Se demostró que una gravedad equivalente a dos tercios de la terrestre es prácticamente inofensiva para los músculos y los huesos. Una gravedad de 0,67 g, equivalente a un tercio de la terrestre, provoca una pérdida de fuerza muscular.

Por lo tanto, el umbral por debajo del cual empezar a ser arriesgado es de 0,67 g.

Experimentos en humanos

Replicar los experimentos en el cuerpo humano sería fundamental, pero aún no ha sido posible, principalmente porque no existe ningún lugar con gravedad artificial donde las personas puedan permanecer el tiempo suficiente para obtener datos útiles.

La ausencia de gravedad durante un periodo prolongado provoca daños a largo plazo
La ausencia de gravedad durante un periodo prolongado provoca daños a largo plazo

La única evidencia de gravedad artificial en el espacio es bastante antigua, y se remonta a la misión Gemini-11 de 1966, en la que una nave espacial giraba alrededor de otra mediante un cable, creando una gravedad muy baja, pero solo durante unas pocas horas.

En el laboratorio se realizaron algunos experimentos, pero de nuevo durante un período de tiempo muy breve.

Esto se debe a que crear simuladores de ingravidez a gran escala es complicado y costoso, y aún no se comprende del todo cómo reacciona el cuerpo humano.

Posibles soluciones

Sin embargo, tras el experimento con ratones, fue posible plantear algunas hipótesis sobre posibles soluciones para los futuros viajes espaciales.

Una estructura giratoria podría simular la gravedad mediante la fuerza centrífuga. El proyecto Nautilus-X de la NASA se basa precisamente en esta idea.

Los astronautas de la ISS ya utilizan máquinas de ejercicio para reducir la atrofia, o pérdida, de masa muscular.

Un sistema híbrido que combine el uso de estructuras giratorias con ejercicio físico también es una idea interesante. Sin embargo, actualmente se encuentra en fase de diseño.

Referencia de la noticia

Matthew Williams - How Will Martian Gravity Affect Skeletal Muscle? Universe Today (2026)