La ciencia alerta sobre el cambio climático, pero a veces no ofrece soluciones: el aviso de unos expertos de Cambridge

Comunicar el cambio climático es uno de los temas más complejos y controvertidos: ¿deberían los científicos limitarse a presentar datos o también proponer soluciones? Un estudio de la Universidad de Cambridge explora esta cuestión.

La ciencia indica cuáles son los escenarios, la política debe decidir las estrategias y hacia dónde apuntar así como qué soluciones. La frontera es delgada: mirando los escenarios del IPCC, ¿qué camino debemos tomar y con qué soluciones? ¿Debe la ciencia indicar esto y cómo debe hacerlo?
La ciencia indica cuáles son los escenarios, la política debe decidir las estrategias y hacia dónde apuntar así como qué soluciones. La frontera es delgada: mirando los escenarios del IPCC, ¿qué camino debemos tomar y con qué soluciones? ¿Debe la ciencia indicar esto y cómo debe hacerlo?

La ciencia del clima es cada vez más clara: el cambio climático es una realidad y la causa son las actividades humanas. Las primeras alarmas se remontan a finales de los años 80 y 90, entonces tímidos, con dudas e incertidumbres pero también con una comunicación científica y medioambiental muy diferente a la actual.

En ese momento, los científicos del clima dijeron que no les correspondía señalar soluciones o enfatizar la urgencia de actuar. Luego las cosas cambiaron, cada vez aparecen más indicios en los artículos científicos que rozan las opciones políticas. Sin embargo, es un tema debatido; en la transición de la investigación a la política surgen cuestiones complejas.

La distinción entre hacer ciencia y traducirla en recomendaciones políticas es real y, a menudo, se pasa por alto o se presenta de forma deficiente. Un estudio de la Universidad de Cambridge arroja luz sobre este tema.

Cómo ha cambiado la comunicación sobre el cambio climático

Los climatólogos de los años 1980/90 se limitaron a plantear el problema, subrayando los datos y los hechos, indicando las causas pero sin inmiscuirse demasiado en las soluciones ni en la urgencia de actuar. Precisamente esta prudencia y esta limitación en el ejercicio del propio trabajo, es decir, el climatólogo, ha sido señalada como un límite de la comunicación del cambio climático y como una causa contribuyente de las malas acciones tomadas.

Así que, a partir del cuarto informe de evaluación del IPCC, en 2007, los científicos empezaron a adentrarse cada vez más en un terreno más político que científico. Además, muchos interesados se lo habían pedido expresamente, quienes le dijeron que "no sólo debéis contarnos los problemas, sino también las soluciones".

En artículos científicos, tanto en congresos científicos como de divulgación, así como durante eventos paralelos en las Conferencias de las Partes, los investigadores han introducido cada vez más afirmaciones como "para mantenerse dentro de 1,5 °C, los gobiernos deben hacer estas cosas…", "para evitar superar los puntos de inflexión, es necesario introducir políticas severas…".

Ahora bien, un estudio de la Universidad de Cambridge revela que está surgiendo el problema opuesto. Tras analizar más de 3000 artículos científicos sobre la mitigación del cambio climático, se observa un problema: las recomendaciones sobre cómo traducir la investigación en políticas públicas suelen ser vagas, inalcanzables o no guardan relación con las conclusiones del estudio.

Qué dice el estudio de Cambridge

En el artículo publicado en Nature Environmental Social Sciences, titulado “Confundiendo la evidencia con los argumentos: una revisión sistemática de las recomendaciones de políticas de cero emisiones”, un grupo de investigadores analizó más de 3.000 artículos científicos sobre la mitigación del cambio climático, la transición energética a fuentes renovables y el transporte y la movilidad sostenibles.

Emergieron tres problemas recurrentes: incertidumbres ocultas, lenguaje emocional, listas de deseos que a menudo no son políticamente alcanzables. En la práctica, se indicaron incluso soluciones y políticas duras, introducción de prohibiciones o limitaciones importantes, recomendaciones más políticas que científicas, sin indicar cómo implementarlas desde un punto de vista práctico, social y económico en la sociedad real.

Las limitaciones de la ciencia pura y dura

El equipo que publicó este estudio dice que muchos científicos carecen de conocimientos detallados sobre cómo se aplican las políticas, lo que puede llevarlos a hacer recomendaciones poco realistas.

¿Energía solar, eólica o nuclear? ¿Impuestos al carbono o cuotas de CO2? La ciencia climática suele debatir soluciones, pero está muy alejada del mundo real de la política, que debe tomar decisiones y operar a diario.
¿Energía solar, eólica o nuclear? ¿Impuestos al carbono o cuotas de CO2? La ciencia climática suele debatir soluciones, pero está muy alejada del mundo real de la política, que debe tomar decisiones y operar a diario.

Por otro lado, se reconoce que indicar recomendaciones políticas es parte fundamental del proceso de investigación, precisamente para evitar dar sólo problemas sin proponer soluciones.

"Nuestro primer paso para facilitar el acceso de los responsables políticos a la investigación fue comprender cómo los investigadores en ingeniería y ciencias climáticas formulan actualmente las recomendaciones políticas", declaró el Dr. Vangelis Danopoulos, autor principal del estudio e investigador del Laboratorio de Estadística de Cambridge. "Y descubrimos que, si bien la ciencia es sólida, las recomendaciones políticas —la forma en que se implementa la ciencia— a menudo se consideran un aspecto secundario".

Sin embargo, es necesario mejorar la forma en que se expresan las recomendaciones. En este sentido, el grupo de investigación aboga por ofrecer cursos de formación a investigadores y científicos, y por que los organismos de financiación incluyan la presentación de informes sobre políticas en el proceso de financiación.

Adaptar y mejorar la comunicación climática

Los negacionistas pueden utilizar un estudio como este que critica efectivamente la comunicación de la ciencia climática. En realidad, el artículo no niega en absoluto el problema climático, sólo pretende intervenir en uno de los aspectos más difíciles y discutidos: la comunicación climática. La distinción es fundamental: criticar cómo se comunica la ciencia no significa cuestionarla.

En definitiva, la solución no consiste en que los científicos hablen menos de política, sino en que hablen mejor de ella, con mayor rigor, humildad y conciencia de los procesos políticos, que son muy diferentes de la forma en que funcionan en los laboratorios científicos.

Una buena comunicación de la ciencia climática es la base fundamental para tomar decisiones políticas igualmente acertadas.

Referencia de la noticia

Danopoulos, Evangelos, Shah, Aarushi, Schneider, Claudia R, Aston, John. (2026). Blurring evidence with advocacy: a systematic review of policy recommendations for net zero.