Tienen nueve cerebros, tres corazones y sueñan: interactuar con un pulpo es lo más parecido a conocer a un alienígena

Los pulpos reúnen rasgos biológicos únicos: sueñan, juegan, usan herramientas y poseen un sistema nervioso tan distinto al humano que algunos científicos lo comparan con una mente extraterrestre.

Con nueve cerebros funcionales, tres corazones y una inteligencia sorprendente, los pulpos desafían todo lo que sabemos sobre la evolución animal. Juegan, sueñan y resuelven problemas, hasta el punto de que algunos científicos los consideran lo más parecido a una mente alienígena.
Con nueve cerebros funcionales, tres corazones y una inteligencia sorprendente, los pulpos desafían todo lo que sabemos sobre la evolución animal. Juegan, sueñan y resuelven problemas, hasta el punto de que algunos científicos los consideran lo más parecido a una mente alienígena.

Pensar en cómo sería un encuentro con vida inteligente procedente de otro planeta suele llevar a imaginar criaturas con tecnología imposible y anatomías desconocidas. Sin embargo, quizá no haga falta salir de la Tierra para aproximarse a esa experiencia. Algunos investigadores sostienen que el ejemplo más cercano habita nuestros océanos y tiene ocho brazos.

Los pulpos ocupan un lugar excepcional entre los invertebrados por sus capacidades cognitivas. Su sistema nervioso reúne alrededor de 500 millones de neuronas y una parte importante se concentra en el cerebro central, mientras que el resto se distribuye entre sus ocho brazos, dotándolos de una notable autonomía. Son capaces de encontrar soluciones a problemas complejos, y aprender observando a otros individuo.

La dificultad para imaginar inteligencias radicalmente distintas nace, en parte, de nuestra tendencia a proyectar rasgos humanos sobre cualquier forma de vida compleja. Incluso la ciencia ficción ha reproducido cuerpos reconocibles. Frente a ello, los pulpos representan una excepción muy llamativa: organismos con una historia evolutiva separada de la nuestra desde hace más de 650 millones de años.

Lejos de parecerse a los vertebrados, estos cefalópodos han llegado a soluciones biológicas propias. El filósofo Peter Godfrey-Smith considera que tratar con ellos es una de las experiencias más cercanas a interactuar con una inteligencia alienígena. No por su aspecto, sino por la manera en que perciben, procesan información y responden al entorno.

Inteligencia de los pulpos: nueve cerebros y 550 millones de neuronas

La inteligencia de los pulpos se apoya en un sistema nervioso extraordinario. Disponen de más de 550 millones de neuronas, una cifra comparable a la de un perro. Pero su distribución rompe cualquier esquema conocido en mamíferos y aves.

Aproximadamente 160 millones de neuronas se localizan en los lóbulos ópticos, mientras que 42 millones forman el cerebro central. Las cerca de 350 millones de neuronas restantes se reparten entre los ocho brazos mediante ganglios nerviosos que funcionan con notable independencia funcional.

Ese reparto permite que cada tentáculo explore objetos, responda a estímulos químicos captados por las ventosas y ejecute tareas complejas sin depender constantemente del centro de control. Este modelo ha servido de inspiración para investigar robots y sistemas de inteligencia artificial descentralizados.

Inteligencia de los pulpos: juegan, sueñan y utilizan herramientas

Las capacidades cognitivas de estos animales incluyen conductas poco habituales entre los invertebrados. Se ha observado que resuelven problemas, anticipan acciones y modifican estrategias según la experiencia adquirida.

Los pulpos han evolucionado por un camino muy distinto al humano, pero exhiben conductas propias de una inteligencia sofisticada. Su capacidad para aprender, camuflarse y resolver problemas los convierte en uno de los mayores enigmas del reino animal.
Los pulpos han evolucionado por un camino muy distinto al humano, pero exhiben conductas propias de una inteligencia sofisticada. Su capacidad para aprender, camuflarse y resolver problemas los convierte en uno de los mayores enigmas del reino animal.

También son capaces de manipular recipientes para acceder a alimentos, desenroscando tapas mediante el ensayo y el aprendizaje. En otros casos transportan cáscaras de coco para convertirlas después en unos improvisados refugios.

Las investigaciones apuntan, además, a que juegan y sueñan. Estas actividades podrían contribuir a una mayor flexibilidad conductual. Los cefalópodos presentan "sentiencia", es decir, pueden experimentar dolor, bienestar y otras sensaciones, un aspecto que plantea exigencias éticas sobre su trato.

Pulpos: tres corazones, visión única y vidas demasiado breves

La fisiología de los pulpos incluye más singularidades. Tienen tres corazones y ojos muy sofisticados, sin punto ciego en la retina. Sin embargo, poseen una única opsina visual, por lo que su percepción ocular es monocromática.

La piel compensa esa limitación. Alberga hasta 16.000 cromatóforos por centímetro cuadrado, distribuidos en capas superpuestas. Gracias a ellos modifican su apariencia en apenas 100 milisegundos para mimetizarse con el entorno.

Existe, además, una paradoja evolutiva. A pesar de su elevada cognición, suelen ser animales solitarios y de vida corta. El pulpo común rara vez supera los dos años. Tras reproducirse, los adultos mueren, impidiendo la transmisión directa de conocimientos entre generaciones. Quizá por eso siguen fascinando tanto: representan una inteligencia compleja construida sobre reglas muy distintas a las humanas.

Referencia de la noticia

The Conversation: Relacionarnos con un pulpo es similar a encontrarnos con una inteligencia alienígena