Una de las zonas más saladas del océano se está dulcificando: advierten de los impactos en la circulación termohalina
Un vasto sector del sur del océano Índico se está volviendo menos salado a un ritmo inédito. El fenómeno, vinculado al cambio climático, podría alterar corrientes globales, modificar el clima y afectar ecosistemas marinos en todo el planeta.

El sur del océano Índico, frente a la costa occidental de Australia, atraviesa una transformación inesperada. En una región tradicionalmente árida, donde la evaporación supera con creces a las lluvias y el mar siempre fue particularmente salado, los niveles de salinidad están disminuyendo a una velocidad que sorprende incluso a los especialistas.
Un estudio publicado en Nature Climate Change por investigadores de la University of Colorado Boulder revela que, en las últimas seis décadas, el calentamiento global ha reconfigurado los patrones de viento y las corrientes oceánicas a escala planetaria. Como consecuencia, cantidades crecientes de agua dulce están siendo transportadas hacia el sur del Índico.
“Estamos viendo un cambio a gran escala en la manera en que el agua dulce se mueve a través del océano”, explicó Weiqing Han, profesora del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas y autora principal del trabajo. “Y ocurre en una región que cumple un papel clave en la circulación oceánica global”.
El engranaje oculto que regula el clima
En promedio, el agua de mar tiene una salinidad cercana al 3,5%. Sin embargo, existe una extensa franja que se extiende desde el este del océano Índico hasta el oeste del Pacífico tropical, donde las aguas superficiales son naturalmente menos saladas debido a las abundantes lluvias y a una evaporación relativamente baja.
Esa región, conocida como la “reserva de agua dulce del Indo-Pacífico”, está conectada con un gigantesco sistema de circulación que actúa como una cinta transportadora planetaria. Este mecanismo —la circulación termohalina— redistribuye calor, sal y agua dulce alrededor del mundo. Entre otras cosas, contribuye al clima templado de Europa occidental al transportar aguas cálidas hacia el Atlántico.
En el Atlántico Norte, esas aguas se enfrían, se vuelven más salinas y densas, se hunden y regresan hacia el sur a través de las profundidades oceánicas, completando el ciclo. El problema es que este delicado equilibrio depende, en gran medida, de diferencias precisas de temperatura y salinidad.
Un 30 % menos de agua salada
Los datos observacionales recopilados desde la década de 1960 muestran que el área de aguas saladas frente al sudoeste australiano se redujo en un 30%. Es el incremento de agua dulce más rápido registrado en el hemisferio sur.

Según el primer autor del estudio, Gengxin Chen, científico del Instituto de Oceanología del Mar del Sur de China, el volumen adicional de agua dulce que ingresa cada año en la región equivale aproximadamente al 60 % del lago Tahoe. Para dimensionarlo mejor: sería suficiente para abastecer de agua potable a toda la población de Estados Unidos durante más de 380 años.
Lo llamativo es que esta “dulcificación” no se debe a un aumento de las lluvias locales. Las simulaciones climáticas y los registros históricos indican otra causa.
Cómo el calentamiento global reordena el océano
El aumento de la temperatura global está modificando los vientos superficiales sobre el Índico y el Pacífico tropical. Estos cambios, a su vez, están empujando corrientes marinas que redirigen más agua desde la reserva dulce del Indo-Pacífico hacia el sur del océano Índico.
Cuando el agua se vuelve menos salada, también se vuelve menos densa. Y el agua menos densa tiende a permanecer en la superficie, separándose con mayor claridad de las capas profundas más saladas. Ese contraste más marcado reduce la mezcla vertical, un proceso fundamental que permite intercambiar calor y nutrientes entre la superficie y el fondo marino.
Sin esa mezcla, los nutrientes que se acumulan en aguas profundas no logran alcanzar las capas iluminadas por el sol, donde prospera el plancton. Al mismo tiempo, el calor atrapado en la superficie tiene más dificultades para disiparse hacia abajo.
Riesgos para el clima y la vida marina
Estudios previos ya habían advertido que el cambio climático podría ralentizar partes de la circulación termohalina, especialmente en el Atlántico Norte, donde el deshielo de Groenlandia y del Ártico añade agua dulce que altera el equilibrio de salinidad.
La expansión de la reserva de agua dulce del Indo-Pacífico podría reforzar ese efecto al transportar aún más agua menos salina hacia el Atlántico.
Las consecuencias no se limitarían al clima. El plancton y las praderas marinas —base de la cadena alimentaria oceánica— dependen de un suministro constante de nutrientes. Si ese aporte se debilita, el impacto puede propagarse a peces, mamíferos marinos y, en última instancia, a las economías humanas que dependen del mar.
“Los cambios en la salinidad pueden afectar al plancton y a las pasturas marinas, que son el fundamento de la red trófica oceánica”, advirtió Chen. “Alteraciones en esos organismos pueden tener efectos de gran alcance sobre la biodiversidad”.
Lo que ocurre frente a la costa occidental de Australia puede parecer remoto. Sin embargo, en el entramado del sistema climático global, pocas cosas son realmente locales.
Referencia de la noticia
Chen, G., Han, W., Hu, A. et al. The expanding Indo-Pacific freshwater pool and changing freshwater pathway in the South Indian Ocean. Nat. Clim. Chang. (2026). https://doi.org/10.1038/s41558-025-02553-1