José David Díaz, experto agrónomo, explica por qué no deberías quitar todas las hojas secas de tus rosales en octubre
En octubre, los rosales comienzan su preparación para el invierno. José David Díaz, experto agrónomo, explica por qué dejar algunas hojas secas puede favorecer su protección y equilibrio.

Con la llegada de octubre, los rosales comienzan a mostrar los primeros signos claros del otoño. Durante esta época del año, las temperaturas descienden, las horas de luz disminuyen y algunas hojas empiezan a amarillear, perder su vitalidad y terminar secándose.
Ante esta situación, muchos jardineros optan por retirar inmediatamente todas las hojas deterioradas. Sin embargo, hacerlo de forma indiscriminada no siempre es recomendable.
El mantenimiento otoñal de un rosal debe ser selectivo, ya que no todas las hojas que han perdido parte de su color verde representan un problema y, mientras algunas todavía permanecen funcionales, la planta puede seguir aprovechándolas para realizar la fotosíntesis y acumular reservas antes del periodo de reposo.
Las hojas no se secan todas al mismo tiempo
El amarillamiento y la caída de las hojas forman parte del ciclo natural de muchas plantas durante el otoño. En el caso de los rosales, este proceso se produce progresivamente y no significa necesariamente que exista un problema sanitario.
Por este motivo, retirarla demasiado pronto supone eliminar una parte de la superficie activa de la planta cuando todavía puede estar funcionando. La recomendación es observar el estado general del rosal y no utilizar las tijeras simplemente porque algunas hojas hayan cambiado de color.
¿Cuándo sí conviene retirar las hojas?
La situación cambia cuando las hojas presentan síntomas claros de enfermedad. Manchas negras, lesiones irregulares, presencia de moho, deformaciones o una caída prematura acompañada de defoliación pueden indicar problemas que requieren una actuación diferente.
Las hojas completamente secas también pueden retirarse, especialmente cuando ya no cumplen ninguna función y se desprenden fácilmente de la planta.
Esta distinción resulta especialmente importante en otoño, porque las hojas enfermas que caen al suelo pueden convertirse en una fuente de inóculo para la siguiente temporada.
Cuidado con las hojas enfermas que quedan en el suelo
Una de las tareas más importantes después de la caída de las hojas consiste en revisar el terreno alrededor del rosal. Si existen hojas con manchas o síntomas de enfermedades, conviene recogerlas y retirarlas del entorno de la planta.
Dejarlas acumuladas bajo el rosal puede favorecer que determinados hongos sobrevivan en los restos vegetales y vuelvan a afectar a los nuevos brotes cuando llegue la primavera.
Por tanto, no se trata de mantener el suelo completamente desnudo, sino de evitar que los restos vegetales enfermos permanezcan alrededor de la planta.

Octubre no es el momento de dejar el rosal completamente desnudo
Otro error frecuente es pensar que eliminar todas las hojas en octubre ayuda al rosal a prepararse para el invierno. En realidad, una defoliación completa y realizada de manera prematura puede ser innecesaria.
Mientras las temperaturas y la iluminación permitan cierta actividad vegetativa, las hojas que todavía están sanas continúan desempeñando su función. El rosal necesita completar progresivamente su ciclo antes de entrar en reposo.
Mi querido rosal ha pasado un verano sobreviviendo con dos ramas llenas de hojas secas. Hace unos días apuntaba un brote que se va a convertir en breve en una perfumada rosa de fuego https://t.co/AkxENJIxqE
neus de nuria (@neus_nuri) August 15, 2023
Por eso, una limpieza excesiva puede ser más perjudicial que beneficiosa. En lugar de buscar un rosal perfectamente limpio, resulta más adecuado intervenir únicamente sobre aquello que realmente necesita ser eliminado, por los motivos antes comentados.
La regla: observar antes de cortar
El mantenimiento de los rosales durante octubre debe basarse en la observación, pues antes de retirar una hoja conviene comprobar si está completamente seca, si presenta síntomas de enfermedad o si todavía conserva una parte importante de su actividad.
En definitiva, la conclusión más relevante es que no todas las hojas secas o amarillentas deben eliminarse inmediatamente en octubre. El otoño es una etapa de transición en la que el rosal se prepara progresivamente para el invierno.
Respetar este proceso, retirar únicamente los restos problemáticos y evitar intervenciones innecesarias permitirá que la planta llegue al periodo de reposo en mejores condiciones y afronte con mayor fortaleza la próxima primavera.