Alerta en el norte de Marruecos por los ríos atmosféricos: ciudades inundadas y ríos desbordados, última hora

Las fuertes lluvias torrenciales que azotan el norte de Marruecos han provocado inundaciones catastróficas, con crecidas extraordinarias de barrancos y ríos, obligando a la evacuación de más de 150.000 personas y dejando un rastro de devastación en varias poblaciones.

Durante los últimos días, el norte de Marruecos está viviendo un episodio de lluvias torrenciales que ha derivado en una de las mayores crisis hídricas de las últimas décadas en el país alauita.

Las precipitaciones persistentes, reforzadas por varios ríos atmosféricos que también han afectado a España y Portugal, han superado con creces los promedios históricos, saturando suelos, desbordando ríos y llenando embalses incluso más allá de su capacidad máxima.

Temporales sucesivos y acumulación de lluvia

El sistema meteorológico responsable de esta situación ha sido un conjunto de frentes húmedos que han barrido el noroeste del país durante varios días consecutivos.

Esta configuración ha generado acumulados de lluvia excepcionales —muy por encima de la media estacional—, con intensidades que han superado los 90 mm en 24 horas en algunas zonas. La región de Larache, en particular, ha experimentado una saturación extrema del suelo y de sus cauces.

Algunos embalses, como el de Oued El Makhazine, en la provincia de Kénitra, han alcanzado niveles críticos, por encima del 160 % de su capacidad. Esto ha obligado a liberar grandes volúmenes de agua hacia ríos como el Loukkos, que han intensificado su crecida, afectando a las poblaciones ribereñas.

Barrancos y ríos fuera de sus cauces

La precipitación acumulada en la cuenca del río Loukkos y en sus afluentes ha provocado crecidas súbitas en barrancos (wadis) que, normalmente secos o de caudal moderado, se han transformado en torrentes destructivos, como muestran las alarmantes imágenes tomadas en Al-Shaqoura, cerca de la turística localidad de Chefchaouen.

Este fenómeno, característico de regiones semiáridas cuando reciben lluvias intensas, ha sorprendido a comunidades cercanas a estos cauces, inundando viviendas y carreteras con rapidez.

Las crecidas rápidas de estos cursos de agua han acentuado la peligrosidad del episodio, dado que la velocidad de ascenso del nivel del agua ha limitado la capacidad de respuesta local y ha generado situaciones de riesgo en zonas que, hasta hace poco, parecían seguras.

Evacuaciones y respuesta de emergencia

Ante el avance de las aguas, las autoridades marroquíes han puesto en marcha un operativo de evacuación sin precedentes. Más de 154.000 personas han sido desplazadas de sus hogares, y alojadas en campamentos provisionales habilitados para acoger a familias enteras lejos de las zonas inundadas.

Hay una gran preocupación por la abrupta crecida de los ríos de la vertiente norte de Marruecos.
Hay una gran preocupación por la abrupta crecida de los ríos de la vertiente norte de Marruecos.

Las evacuaciones se han concentrado especialmente en Ksar El Kebir, una de las ciudades más afectadas por el desbordamiento de ríos y la presión de los embalses.

Durante las últimas jornadas, equipos de rescate han utilizado embarcaciones, helicópteros y vehículos especializados para asistir a los residentes que han quedado aislados en barrios bajos y zonas inundadas. El cierre de escuelas, la interrupción de las comunicaciones y los cortes eléctricos son otros de los impactos directos de estas inundaciones.

Una mirada meteorológica y climática

Desde el punto de vista meteorológico, este tipo de eventos responde a un patrón de precipitaciones intensas en cortos periodos, favorecido por sistemas frontales estacionarios que concentran humedad y generan lluvias sostenidas.

La combinación de suelos ya saturados por eventos previos y la topografía irregular ha potenciado los desbordamientos, especialmente en cuencas de barrancos estrechos y ríos de respuesta rápida.

Además, este episodio se produce tras años de sequía prolongada, un contexto que complica tanto la gestión del agua como la percepción de riesgo de las poblaciones que no estaban habituadas a condiciones tan extremas.