Antártida: la base franco-italiana Concordia marcó −84,1 °C, el registro más frío del planeta en catorce años
El 18 de julio la estación franco-italiana Concordia descendió hasta los −84,1 °C. Es el valor más bajo medido sobre la Tierra desde 2012 y quedó a apenas seis décimas del récord propio de la base.

Mientras el hemisferio norte acumulaba récords de calor, incendios forestales y avisos por temperaturas extremas, en el punto opuesto del planeta el termómetro hacía exactamente lo contrario. El 18 de julio, la estación franco-italiana Concordia registró −84,1 °C, la temperatura más baja medida en cualquier lugar de la Tierra desde 2012.
El dato no proviene de una estimación ni de un modelo. Según informa Live Science, el Institut Polaire Français Paul-Émile Victor que gestiona la base junto con el Programa Nacional de Investigaciones en la Antártida de Italia (PNRA), entregó los datos crudos de esa jornada, en los que el valor de −84,1 °C aparece dos veces esa misma mañana: a las 6:25 y a las 6:34, hora local. Concordia trabaja con un huso horario de GMT+6, de modo que ese mínimo se produjo en plena noche polar, en un continente que lleva meses sin ver salir el sol.
La Estación Concordia es un centro de investigación franco-italiano
— Valdo (@Valdoodlav_) July 21, 2026
Está 1100km tierra adentro, y a 3233 metros sobre el nivel del mal sobre la cúpula de hielo Domo C
Locura https://t.co/knQxFYS53H pic.twitter.com/Tly9MVwE3o
Conviene decirlo con precisión, porque el titular se presta a confusión: no se trata de un récord mundial ni de un récord de la estación. Concordia baja de los −80 °C todos los inviernos. Lo genuinamente excepcional es otra cosa: que ningún punto del planeta había registrado un valor tan bajo en catorce años, y que este quedó a seis décimas de grado del propio récord histórico de la base, los −84,7 °C del invierno de 2010 que consigna el Osservatorio Meteo-Climatologico Antartico italiano.
Una máquina de fabricar frío en el corazón del continente
Concordia no está en cualquier lugar de la Antártida. Está en el peor lugar posible si uno busca calor, y en el mejor si busca entender cómo se fabrica el frío.
De acuerdo con la ficha técnica del PNRA, la base se ubica en el sitio denominado Dome C (75°06' S, 123°21' E), a 3.233 metros de altitud sobre la meseta antártica oriental, y a unos 1.200 kilómetros de las estaciones costeras italiana y francesa.
Se levanta sobre una capa de hielo de más de tres kilómetros de espesor y aloja entre 12 y 16 invernantes durante los meses en que ningún avión puede llegar. La propia institución describe a esa meseta como el mayor disipador de calor de la Tierra.

El mecanismo combina cuatro ingredientes, y ninguno funciona sin los otros. Primero, la altitud: a más de 3.200 metros, la columna de aire por encima es más delgada y el enfriamiento radiativo es más eficiente. Segundo, la noche polar: durante meses no entra un solo vatio de radiación solar, de modo que el balance energético es puro déficit. Tercero, la sequedad extrema: el vapor de agua es el principal gas de efecto invernadero natural, y en el interior antártico prácticamente no lo hay, así que la radiación infrarroja emitida por la superficie escapa al espacio casi sin obstáculos. Cuarto, el cielo despejado y la calma: basta una capa de nubes o un poco de viento para que la mezcla vertical destruya el proceso.
Cuando esas cuatro condiciones se sostienen durante varios días seguidos, sobre la nieve se forma una inversión térmica de enorme intensidad: el aire pegado a la superficie queda mucho más frío que el que está a unos cientos de metros de altura. No hay nada que lo remueva y no hay nada que lo caliente. El termómetro simplemente sigue bajando. Por eso los mínimos antárticos no dependen tanto de una irrupción de aire frío como de una ausencia prolongada de perturbaciones.
Los números que suelen confundirse
Alrededor del "lugar más frío de la Tierra" circulan al menos tres cifras distintas, y conviene separarlas porque no miden lo mismo. La primera es el récord mundial homologado: −89,2 °C, registrados en la estación rusa Vostok el 21 de julio de 1983. Es el valor que la Organización Meteorológica Mundial mantiene en su archivo oficial de extremos climáticos como la temperatura del aire más baja jamás medida en superficie de forma directa. Sigue sin ser superado después de más de cuatro décadas.

La segunda es el récord de Concordia, los −84,7 °C de 2010 ya mencionados. Vostok y Concordia son estaciones vecinas en el mapa antártico, aunque las separen cientos de kilómetros de meseta vacía. La tercera es la que más malentendidos genera: los −98 °C "de la Antártida". Ese número proviene del trabajo del Dr. Theodore (Ted) A. Scambos y colaboradores publicado en Geophysical Research Letters en 2018, que identificó cerca de un centenar de sitios en pequeñas cuencas topográficas del este antártico, por encima de los 3.800 metros, donde el sensor infrarrojo del satélite midió esos valores.
Pero se trata de la temperatura de la superficie de la nieve, no de la temperatura del aire a dos metros, que es la que registran las garitas meteorológicas y la que la OMM homologa.
Los propios autores estiman que una superficie a −98 °C corresponde a un aire de aproximadamente −94 ± 4 °C. Es un matiz técnico, pero es el que separa un dato comparable de uno que no lo es. En el otro extremo, el 18 de marzo de 2022, esa misma estación Concordia registró su récord absoluto de temperatura máxima: −11,5 °C, con anomalías del orden de +38,5 °C respecto de lo normal para la fecha. Fue el mayor exceso térmico jamás medido en una estación meteorológica establecida.