El Pacífico arde y el Atlántico no logra ni un huracán: el misterio de la temporada de huracanes 2026
Ocho tormentas tropicales y ningún huracán: el Atlántico vive su temporada más silenciosa desde que hay satélites, mientras el Pacífico acumula monstruos de categoría 5. ¿Qué hay detrás de esta situación inédita?
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Si en junio alguien te decía que íbamos a llegar a octubre sin un solo huracán en el Atlántico, lo habrías tomado como un chiste de meteorólogos. Pero acá estamos: la temporada 2026 ya generó ocho tormentas tropicales y ninguna cruzó el umbral de los 119 km/h de velocidad del viento necesarios para ser considerado huracán.
En cambio, el Pacífico vive una fiesta de ciclones: 20 tormentas con nombre y tres huracanes de categoría 5, lo que empata el récord. Hawái soportó a Lala, Lowell y Nolo, y Polo alcanzó vientos de 290 km/h frente a México. ¿Cómo puede un océano arder mientras el otro se queda mudo?
El Niño, el gran saboteador del Caribe
El sospechoso principal es un evento El Niño que apunta a ser el más intenso que haya visto cualquier persona viva. Ese Pacífico afiebrado, con zonas hasta 5 °C más cálidas de lo normal, reorganiza la circulación atmosférica y bombea vientos fuertes en altura sobre el Caribe. Así nace la cizalladura vertical: el viento cambia de velocidad y dirección con la altura.

Para un huracán es letal, como un trompo al que alguien le pega manotazos en la parte superior: por más que gire abajo, nunca logrará enderezarse.
Desde julio, esa cizalladura fue la más fuerte desde que se comenzó a medir en 1979. Y cayeron los récords: primer septiembre sin huracanes desde 1994 y la espera más larga de la era satelital por su primer huracán. Si el primero llega después del 8 de octubre, será el más tardío desde 1905.
La huella del calentamiento global
Lo curioso es que el combustible sobra: el Atlántico tiene sus segundas aguas más cálidas registradas. Al polvo del Sahara y al aire seco se suma una pista climática: la troposfera alta se calienta más rápido que las capas bajas y achica el contraste térmico que impulsa las tormentas.

Esto es similar a lo que pasa con un globo aerostático, que sube porque el aire que lo rodea está más frío; si arriba también se calienta, se queda a mitad de camino. Este patrón se detecta desde 2010 y podría estar corriendo el pico de la temporada hacia más tarde.
Calma no es sinónimo de seguridad
Una temporada sin huracanes no es una temporada sin daños. Arthur y Edouard, simples tormentas tropicales, provocaron inundaciones repentinas y rescates en el Golfo de México, porque una atmósfera más cálida carga más humedad. Edouard tocó tierra a solo 23 km/h de ser huracán.

En 2025, la temporada venía tranquila hasta que Melissa, de categoría 5, golpeó Jamaica y Cuba a fines de octubre. Alcanza con uno solo, y la categoría no mide el impacto.
Solo hay registros de dos temporadas sin huracanes registrados, 1907 y 1914, ambas sin satélites para vigilar lo que sucede en el océano. Las próximas semanas dirán si 2026 se suma a esa lista.
Lo seguro es que una fiebre en el Pacífico puede reescribir la agenda de tormentas a miles de kilómetros, y que el calentamiento global está agregando reglas que recién empezamos a descifrar.