Quemaduras, ampollas y ceguera: secuelas del calor extremo en los camellos, los animales más resistentes del desierto
Han evolucionado para sobrevivir donde pocos animales resisten. Sin embargo, las olas de calor cada vez más intensas están llevando a estos iconos del desierto al límite, provocando lesiones graves, problemas oculares y un preocupante aumento de la mortalidad.

Desde tiempos inmemoriales, el camello ha simbolizado la resistencia frente a uno de los entornos más hostiles del planeta. Capaz de recorrer cientos de kilómetros bajo un sol abrasador sin beber agua y soportar temperaturas superiores a los 45 grados, este animal ha sido considerado un auténtico prodigio de la evolución.
Sin embargo, el aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático está demostrando que incluso el apodado "barco del desierto" tiene un límite.
Veterinarios y propietarios de camellos en países del golfo Pérsico han comenzado a documentar un fenómeno hasta hace poco impensable: animales con quemaduras en la piel, ampollas, lesiones en las almohadillas de las patas e incluso pérdida parcial de la visión tras estar sometidos a episodios prolongados de calor extremo.
La que durante milenios ha sido una especie prácticamente adaptada al desierto empieza a sufrir las consecuencias de un clima que cambia a un ritmo alarmante y sin precedentes.
Preparado para sobrevivir al calor... pero no a cualquier temperatura
Los camellos poseen algunas de las adaptaciones fisiológicas más extraordinarias del reino animal. A diferencia de otros mamíferos, pueden permitir que su temperatura corporal aumente varios grados durante el día antes de comenzar a sudar, reduciendo así la pérdida de agua.
También concentran la orina, producen heces muy secas y almacenan grasa en sus jorobas, una reserva energética que, al evitar acumular tejido adiposo bajo la piel, favorece la disipación del calor.
"Les salen ampollas en las patas y la arena les quema la piel": ni los camellos se libran de los efectos del aumento de temperaturas en África https://t.co/fM5PziLDjY
— BBC News Mundo (@bbcmundo) July 24, 2026
Además, sus largas patas mantienen el cuerpo alejado de la arena ardiente, mientras que las amplias almohadillas plantares distribuyen el peso y facilitan el desplazamiento sobre superficies blandas. Incluso sus fosas nasales ayudan a conservar agua al recuperar parte del vapor expulsado durante la respiración.
Gracias a este conjunto de adaptaciones, los camellos han sobrevivido durante miles de años en algunos de los lugares más cálidos y áridos del planeta. Sin embargo, los expertos advierten de que la evolución preparó a estos animales para un clima extremo, no para uno que continúa calentándose año tras año.
Arena capaz de provocar quemaduras
Uno de los problemas más preocupantes aparece bajo los pies de estos animales porque, mientras el aire puede registrar temperaturas cercanas a los 50 °C, la superficie de la arena expuesta al sol puede superar ampliamente los 70 °C durante las horas centrales del día.

En estas condiciones, las almohadillas plantares de los camellos sufren un estrés térmico continuo que se traduce en la aparición de ampollas, grietas profundas y quemaduras que dificultan el desplazamiento y pueden favorecer infecciones secundarias. Algunos animales llegan incluso a rechazar caminar durante las horas de mayor insolación debido al intenso dolor.
Esta situación preocupa especialmente en explotaciones donde los camellos siguen utilizándose para transporte, producción de leche o competiciones, actividades que implican largos desplazamientos al aire libre.
El sol, amenaza la salud de sus ojos
Pero las temperaturas extremas no son el único problema: la combinación de radiación ultravioleta intensa, polvo en suspensión y aire extremadamente seco también está incrementando los casos de enfermedades oculares.

Aunque las largas pestañas de los camellos y sus párpados constituyen una protección natural frente a la arena, no siempre resultan suficientes ante condiciones meteorológicas cada vez más agresivas.
En consecuencia, algunos camellos presentan inflamaciones severas de la córnea, úlceras e incluso pérdida parcial de la visión cuando estas lesiones no reciben tratamiento a tiempo, lo que afecta a la capacidad del animal para orientarse, encontrar alimento o mantener el contacto con el resto del grupo.
Cuando el calor supera la capacidad de adaptación
Aunque los camellos toleran variaciones de temperatura corporal mucho mayores que otros mamíferos, existe un límite fisiológico. Cuando este se supera, aparecen síntomas como debilidad extrema, respiración acelerada, pérdida de coordinación, disminución del apetito y colapso circulatorio.

En los casos más graves, el exceso de calor puede provocar daños neurológicos, fallo multiorgánico e incluso la muerte.
Los veterinarios señalan que estas situaciones se observan cada vez con mayor frecuencia durante episodios prolongados de temperaturas excepcionalmente altas, especialmente cuando coinciden con una elevada humedad ambiental, que dificulta la pérdida de calor corporal.
El cambio climático también altera su alimentación
Las sequías prolongadas reducen el crecimiento de arbustos y plantas adaptadas al desierto que constituyen la base de la alimentación de muchos rebaños. Una menor disponibilidad de alimento que obliga a los camellos a recorrer distancias más largas para encontrar pastos, aumentando la exposición al calor extremo y el consumo energético.
Al mismo tiempo, la escasez de agua incrementa la presión sobre los ganaderos, que deben transportar recursos desde zonas cada vez más alejadas o recurrir a piensos suplementarios.
Así que el problema no es solo una cuestión de bienestar animal. Según organizaciones internacionales dedicadas a la ganadería en zonas áridas, estos cambios amenazan la seguridad alimentaria y el modo de vida de miles de familias que dependen de los camellos en regiones de África y Oriente Medio.
Referencia de la noticia
Singh Khadka, Navin. (2026). Extreme heat is burning camels' feet and blinding their eyes.