La NASA advierte que el asteroide Bennu "podría colisionar con la Tierra en 2182 y provocar el temido inverno global"
La posibilidad de que el asteroide Bennu choque contra la Tierra no es elevada, pero los estudios científicos analizan qué efectos tendría un impacto de ese tamaño sobre el clima y la vida.

El asteroide Bennu figura desde hace años entre los objetos próximos a la Tierra que reciben un seguimiento permanente por parte de la NASA. Su órbita hace que pase cerca de nuestro planeta aproximadamente cada seis años y, según los cálculos disponibles, existe una probabilidad de 1 entre 2.700, equivalente al 0,037%, de que colisione con la Tierra el 24 de septiembre de 2182. La agencia espacial insiste en que ese riesgo sigue siendo muy reducido.
Las previsiones no describen un impacto confirmado, sólo siguen distintos modelos matemáticos construidos a partir de las observaciones realizadas hasta ahora. Esas estimaciones cambian a medida que aparecen nuevos datos sobre la trayectoria del asteroide. La información obtenida durante la misión OSIRIS-REx ha permitido mejorar los cálculos orbitales y reducir parte de la incertidumbre, aunque los especialistas seguirán revisando las proyecciones durante las próximas décadas.
Asteroide Bennu: por qué la NASA mantiene el seguimiento de su trayectoria
Bennu pertenece al grupo de los asteroides cercanos a la Tierra, conocidos como NEA. Su recorrido alrededor del Sol hace que se aproxime periódicamente a nuestro planeta, llegando a pasar a unos 299.000 kilómetros de distancia. Aunque la mayor parte de las trayectorias calculadas no termina en una colisión, la NASA mantiene una vigilancia continua para conocer con mayor precisión su movimiento.

Uno de los momentos más importantes llegará el 25 de septiembre de 2135, cuando Bennu volverá a acercarse a la Tierra. Los científicos consideran que ese encuentro modificará parcialmente su órbita debido a la influencia gravitatoria terrestre. Esa circunstancia permitirá actualizar las previsiones para finales del siglo XXII con una precisión mucho mayor.
Los investigadores también estudian la posibilidad de que el asteroide atraviese una zona denominada "cerradura gravitacional". Si Bennu pasara por esa estrecha franja del espacio, la gravedad terrestre podría situarlo en una trayectoria compatible con un encuentro posterior con la Tierra. Aun así, los modelos muestran que esa posibilidad representa sólo una pequeña parte de todos los recorridos analizados.
Asteroide Bennu: las consecuencias que tendría un impacto en la Tierra
Un estudio basado en simulaciones informáticas examinó qué sucedería si un asteroide de unos 500 metros de diámetro, un tamaño similar al de Bennu, llegara a impactar contra la Tierra. Además de la destrucción inmediata en la zona del choque, el trabajo concluye que la colisión expulsaría entre 100 y 400 millones de toneladas de polvo hacia la atmósfera.

"El oscurecimiento del Sol provocado por el polvo desencadenaría un abrupto 'invierno de impacto' global, caracterizado por una reducción de la luz solar, un descenso de las temperaturas y una disminución de las precipitaciones en la superficie terrestre", ha explicado la científica coreana Lan Dai.
En la simulación más desfavorable, la temperatura media del planeta descendería alrededor de 4 grados Celsius, mientras que las precipitaciones se reducirían un 15%. La fotosíntesis disminuiría entre un 20% y un 30%, y la capa de ozono perdería aproximadamente un 32% de su espesor. A ello se sumarían una potente onda de choque, terremotos, incendios forestales, intensa radiación térmica, la formación de un gran cráter y enormes cantidades de escombros suspendidos en la atmósfera durante varios años.
La misión OSIRIS-REx permitió conocer mejor el asteroide Bennu
La misión OSIRIS-REx, lanzada el 8 de septiembre de 2016, fue la primera de Estados Unidos diseñada para recoger material directamente de un asteroide y trasladarlo hasta la Tierra. La nave alcanzó Bennu, y el 20 de octubre de 2020 realizó un estudio detallado de su superficie y obtuvo muestras de roca y polvo, además de recopilar información sobre las fuerzas que modifican lentamente su órbita.

Gracias a esos datos, los especialistas pudieron ajustar los modelos utilizados para calcular la trayectoria futura del asteroide. La cápsula con las muestras regresó a la Tierra el 24 de septiembre de 2023, aterrizando en un área de pruebas del Departamento de Defensa de Estados Unidos, en Utah. Tras su recuperación comenzaron los análisis del material conservado desde los primeros momentos del Sistema Solar.
La NASA confirmó que la misión transportó 121,6 gramos de muestras, más del doble de los 60 gramos fijados como objetivo mínimo. Ese material sigue siendo objeto de estudio para conocer mejor el origen de los asteroides y comprobar si cuerpos de este tipo pudieron transportar agua y otros compuestos hasta la Tierra primitiva. Después de completar esa etapa, la nave pasó a denominarse OSIRIS-APEX y emprendió un nuevo viaje hacia el asteroide Apophis, que protagonizará un acercamiento excepcional a la Tierra en 2029.