En caso de una guerra nuclear, ¿hasta dónde se extendería la lluvia radiactiva?
Uno de los aspectos más perturbadores de una guerra nuclear no es sólo la explosión inicial, sino la lluvia radiactiva que puede contaminar territorios distantes, volviéndolos radiactivos.

El riesgo de una guerra nuclear en Europa, aunque relativamente remoto, representa una de las amenazas más graves para la seguridad global. Recientemente, los diversos escenarios de guerra que se han abierto en todo el mundo han vuelto a centrar la atención en las doctrinas militares de las potencias nucleares, que contemplan el uso de armas nucleares tácticas en respuesta a amenazas existenciales.
Seguimos hablando de simulaciones, pero, aunque se trate de escenarios completamente improbables, el espectro de una guerra nuclear es muy temido en la opinión pública de los países europeos.
Sobre una hipotética guerra nuclear
Uno de los aspectos más perturbadores de una guerra nuclear no es sólo la explosión inicial, sino la lluvia radiactiva que puede contaminar zonas alejadas de los puntos de detonación durante días, semanas o incluso meses.
Supongamos que un conflicto entre la OTAN y Rusia se intensifica hasta el uso de armas nucleares, tácticas y estratégicas, con aproximadamente 400 a 600 ojivas explotadas en el continente europeo (una cifra muy inferior al arsenal total, pero aun así catastrófica). Las ciudades objetivo principal serían bases militares, centros de mando y grandes áreas urbanas.
Tenga cuidado con el tipo de explosiones
Las explosiones pueden ocurrir tanto en altitud, en la atmósfera abierta, como en tierra. En caso de una explosión masiva en altitud, habría menos lluvia radiactiva local, pero más pulso electromagnético, capaz de interferir con las comunicaciones, un punto crucial en un conflicto.

Sin embargo, en caso de explosiones terrestres, la lluvia radiactiva sería masiva, tanto a nivel local como regional, ya que la nube de hongo absorbe tierra y escombros, que se irradian. La peligrosa lluvia radiactiva proviene principalmente de las detonaciones al contacto con el suelo.
¿Cómo se desplaza la lluvia radiactiva?
Durante las primeras 24 a 48 horas, se produce una intensa precipitación radiactiva local a pocas decenas de kilómetros de la zona cero, con partículas grandes (>100 μm) que caen en ese lapso, formando la clásica "elipse de precipitación radiactiva", alargada en la dirección del viento predominante en las capas inferiores de la troposfera. Se detectarían niveles letales (miles de sieverts) a una distancia de 20 a 50 km a sotavento.
Las explosiones más potentes (>100 kt) inyectan material en la estratosfera (por encima de los 15-20 km). En esta zona, los vientos impulsarían las partículas a distancias muy largas, y la precipitación radiactiva es global, pero muy diluida (como ocurrió con las pruebas de las décadas de 1950 y 1960).
La mayor amenaza para Europa proviene de la propia circulación atmosférica.
En nuestras latitudes, los vientos predominantes en la troposfera media soplan principalmente de oeste a este. En la práctica, entre 40° y 60° N (toda Europa), los vientos soplan, en promedio, de oeste a este.
Esto significa que la lluvia radiactiva tiende a desplazarse de oeste a este y de suroeste a noreste, afectando prácticamente a todo nuestro continente.
Pero ¿hasta dónde pueden llegar las peligrosas consecuencias?
Según estimaciones de simulación, en un radio de 500 a 800 km aún es posible recibir dosis muy altas (decenas a cientos de mSv) si la partícula es rica en isótopos de vida media (cesio-137, estroncio-90).
A distancias de 800 a 2000 km, podrían producirse dosis agudas menores, pero con contaminación del suelo a largo plazo. Más allá de los 2000 km, la contaminación sería leve, pero medible (como ocurrió en Suecia tras Chernóbil).

En un escenario de guerra nuclear europea, la dirección dominante del viento haría que la mayor parte de la lluvia radiactiva se desplazara de oeste a este o de suroeste a noreste.
¿Qué países estarían más expuestos?
Los países más expuestos serían los de Europa Central y Oriental y del Noreste: Polonia, los países bálticos, Finlandia, Suecia, Noruega, Alemania Oriental y la República Checa.
Los países más occidentales y meridionales, como España, Portugal, el sur de Italia y Grecia, tendrían significativamente menos probabilidades de experimentar una lluvia radiactiva intensa, aunque ninguna zona del continente puede considerarse verdaderamente segura en caso de cientos de detonaciones.
El factor decisivo no es solo la ubicación geográfica, sino también la dirección del viento en los días inmediatamente posteriores a los ataques. Un cambio de 30 a 40° en la trayectoria del viento en la troposfera media es suficiente para desplazar la zona más afectada a miles de kilómetros.