Los pronósticos del tiempo de unas arañas ayudaron a la invasión francesa de Holanda a finales del siglo XVIII
Unas predicciones del tiempo basadas en el comportamiento de las arañas fueron decisivas en la conquista francesa de Holanda durante un gélido invierno de finales del siglo XVIII.

En la larga historia militar, prácticamente la única referencia que hay de un ataque de la caballería sobre una flota de barcos atrapados en el hielo es la que tuvo lugar el 21 de enero de 1795 en el puerto holandés de Den Helder, al sur de la isla de Texel, con la que Francia culminó la conquista de Holanda, tras una de las guerras que hubo en Europa tras la Revolución Francesa (1789).
El invierno de 1794-1795 fue particularmente gélido en toda esa zona de los Países Bajos, en una época en la que la Pequeña Edad de Hielo se mostró con toda su crudeza en Europa algunos inviernos.
Durante el otoño de 1794 se produjeron en Holanda y alrededores entradas de aire muy frío que llegaron a congelar ríos, lagos y las aguas costeras. Dicha circunstancia fue aprovechada por el ejército francés para avanzar por el territorio holandés, logrando sortear a caballo muchas zonas pantanosas y ríos que en otras circunstancias habrían dificultado la marcha.
El frío se alió con Francia en la conquista de Holanda
El general de caballería Jean-Charles Pichegru (1761-1804) fue el militar encargado de dirigir las tropas francesas durante la guerra iniciada contra el ejército holandés en 1794, que en enero de 1795 culminó con la conquista de aquel territorio europeo. A lo largo de la incursión francesa por Holanda, Pichegru contó con el intenso frío como aliado, lo que fue capaz de anticipar en varias ocasiones debido a unas predicciones meteorológicas certeras que le llegaron por carta al campo de batalla, desde la prisión de Utrecht.

A esa prisión fue enviado el físico y químico francés Quatremère Disjonval (1754-1830), miembro de la Academia de Ciencias de París, por su activismo político, pasando allí encerrado varios años. En ese tiempo se dedicó a observar el comportamiento de las arañas que había en su celda y las características de las telarañas que iban tejiendo, lo que relacionó con los cambios de tiempo atmosférico venideros. Gracias a ese conocimiento empírico, empezó a hacer predicciones meteorológicas que, a través de sus carceleros, consiguió que salieran de prisión y le llegaran a Pichegru.
Fueron especialmente útil el pronóstico de grandes fríos que le llegó a Pichegru en diciembre de 1794. En él Disjonval afirmaba que la temperatura bajaría tanto que “convertiría en puentes helados todos los ríos y canales”. La llegada del intenso frío permitió a las tropas francesas cruzar las aguas congeladas del río Waal y avanzar con paso firme por territorio holandés. El 15 de enero se produjo la entrada en Utrecht y la liberación de Disjonval. Cinco días después Ámsterdam cayó también del lado francés.
Holanda había sido conquistada, pero quedada una última misión: tener el control sobre la flota naval, que se concentraba en el norte, en el puerto de Den Helder, junto a la isla de Texel. Pichegru le pidió entonces una nueva predicción a Disjonval, y éste anticipó una gran bajada de las temperaturas. Las aguas volverían a congelarse. El general francés volvió a confiar en el científico y mandó a uno de sus lugartenientes con un regimiento de caballería a den Helder. Allí llegaron el 21 de enero de 1795 y se encontraron los barcos atrapados en el hielo y a los holandeses pidiendo la rendición.
Pronósticos empíricos basados en las arañas
La curiosidad de Disjonval durante todo el tiempo que pasó en prisión fue la que le llevó a confeccionar aquellas predicciones meteorológicas que fueron determinantes en la victoria militar de los franceses sobre los holandeses. Visto con perspectiva, nos entra la duda de si en aquel ejercicio la suerte jugó un papel decisivo o realmente tiene un fundamento científico la relación entre el comportamiento arácnido y la predicción a largo plazo, ya que los pronósticos de Disjonval anticipaban el tiempo a más de una semana vista.
Tal y como relataba hace años la historiadora Carmen Gozalo de Andrés en un artículo que dedico a estos pronósticos arácnidos de Disjonval, sus observaciones “permitían pronosticar, con una antelación de 9 a 14 días, dos parámetros meteorológicos fundamentales: humedad y temperatura (…) si los hilos tejidos por las arañas eran largos y fuertes se podía contar con tiempo bueno durante 12 o 14 días. Cualquier otro tipo de actividad presagiaba cambios atmosféricos a partir del noveno día y contando siempre desde el comienzo del trabajo”.

A corto plazo, es sabido que el comportamiento de las arañas y de otros insectos arroja pistas sobre el tiempo venidero. Es conocido el refrán que afirma: “Araña por la mañana, señal mala; pero si por la tarde la encuentras, señal buena.”, pero estirar una observación de esta naturaleza a largo plazo se antoja una quimera, a pesar lo cual Quatremère Disjonval dejó para la posteridad explicada su metodología en un tratado titulado De Laranéologie, que publicó en París en 1797. El libro no tuvo mucho recorrido, pues en caso contrario, no le quepa duda de que la ciencia meteorológica se habría aprovechado de este trabajo experimental del científico francés.