Unas huellas en América desvelan que los primeros humanos sobrevivieron a sequías extremas en la Edad de Hielo
Un nuevo estudio sobre nuestro pasado basado en el territorio permite reconstruir como era hace más de 23.000 años lo que hoy conocemos como el Parque Nacional de White Sands.

Hace unos 23.000 años, mientras una gran parte del planeta permanecía bajo las condiciones extremas de la última glaciación, diversos grupos de humanos recorrían las orillas de un enorme lago en lo que hoy conocemos como Nuevo México, Estados Unidos.
El paisaje de dicha zona era muy diferente al actual, pero tampoco permanecía estable con aguas que subían y bajaban, una vegetación muy cambiada y unas precipitaciones muy variables.
Ahora, un nuevo estudio de las huellas humanas encontradas en el Parque Nacional de White Sands, permite reconstruir ese entorno cambiante y conocer mejor las condiciones a las que se enfrentaron sus habitantes.
Huellas humanas de hace 23.000 años
El Parque Nacional de White Sands, en el sur de Nuevo México, alberga uno de los registros arqueológicos más extraordinarios para estudiar la presencia humana temprana en América del Norte.
En 2021, una investigación situó algunas de estas pisadas hace aproximadamente 23.000 años, miles de años antes de lo que defendían muchas cronologías tradicionales. Pero, estudios posteriores, han reforzado esa interpretación.

La nueva investigación va mas allá de determinar cuándo caminaron aquellas personas: muestra 20 niveles o superficies de sedimentos con huellas que abarcan aproximadamente desde hace 23.500 hasta hace 21.700 años, durante el máximo glacial, uno de los periodos más fríos de la última glaciación.
Este registro permite estudiar cómo cambió el entorno mientras los seres humanos visitaban repetidamente la zona. Todo ello, con la conclusión clara de que el paisaje no permaneció congelado todo ese tiempo, sino que experimentó cambios importantes en la disponibilidad de agua, la vegetación y las temperaturas.
Un enorme lago que comenzó a encogerse
Hace unos 23.600 años, el lago empezó a reducirse con el aumento de las temperaturas que favoreció a una mayor evaporación y contribuyó a que el territorio se volviera más seco.
Al mismo tiempo, los bosques de coníferas fueron perdiendo presencia y aumentaron otras plantas, como los robles y la artemisa, más adaptadas a las nuevas condiciones.

Pero uno de los cambios más destacados ocurrió hace unos 23.200 años, cuando la región experimentó una sequía intensa con la disminución de las precipitaciones. Esto provocó que el agua del lago se volviera más salina y se expandiese la vegetación resistente a la falta de agua.
Pero, ¿cómo saben los científicos que hubo sequías tan bruscas?
La respuesta reside en el estudio de los sedimentos que se acumularon en la antigua cuenca. El polen conservado en esas capas permitió identificar qué plantas crecían en los alrededores y según los restos predominantes, fue posible clasificar qué tipo de vegetación dominaba el paisaje y qué condiciones ambientales favorecían su crecimiento.

También se estudiaron las moléculas orgánicas preservadas en los sedimentos, entre ellas ceras que, a través de su composición química, se pudo obtener información sobre las condiciones de temperatura y las precipitaciones del pasado.
Al combinar estas evidencias, los científicos pudieron reconstruir cómo evolucionó el lago y la vegetación, y relacionar esos cambios con los momentos en los que quedaron registradas las pisadas.
Referencia de la noticia
Matthew R. Bennett y Sally C. Reynolds. (2026). The Conversation, Early humans in America endured climate chaos – new research.