El mar Mediterráneo se está calentando a un ritmo sin precedentes y podría sufrir una transformación irreversible
Analizamos cómo el aumento progresivo de las temperaturas de nuestro mar Mediterráneo está cambiando ecosistemas enteros, con el riesgo de desencadenar procesos que ya no tienen vuelta atrás.

El mar Mediterráneo, un punto clave de biodiversidad, está experimentando uno de los períodos de calentamiento más rápidos de todas las cuencas marinas del planeta. Sus aguas superficiales se están calentando a un ritmo alarmante, con anomalías térmicas que baten un récord tras otro y valores locales que superan los +30 °C en verano.
No se trata de un fenómeno pasajero, sino de una señal de un cambio climático acelerado que está redefiniendo los ecosistemas marinos, amenazando a las especies autóctonas y favoreciendo la tropicalización de la cuenca.
Récords de temperatura que se suceden
Según los datos del Servicio Marino de Copernicus, el Mediterráneo ha registrado años consecutivos de temperaturas medias anuales récord. En 2024 alcanzó el valor más alto de la historia (alrededor de 21,5 °C de media), que se superó o se acercó a ese valor en 2025.
Las anomalías de +4 °C, +6 °C o incluso +6,5 °C con respecto a la media climática de 1982-2015 ya no son excepciones, sino fenómenos recurrentes.

El calentamiento avanza a un ritmo aproximadamente el doble que la media global de los océanos: más de +1,3 °C en las últimas décadas en muchas zonas, frente a los aproximadamente 0,6 °C de los océanos del mundo. Las olas de calor marinas (Marine Heatwaves) se han multiplicado y, en algunas zonas, duran cientos de días al año.
Repercusiones en los ecosistemas: estrés, mortandad y desplazamientos
El aumento de las temperaturas altera profundamente las propiedades físicas y biológicas del mar. Las aguas más cálidas reducen el oxígeno disuelto (hipoxia), modifican la estratificación de las masas de agua y favorecen la proliferación de algas tóxicas.
Un efecto visible y dramático son las muertes masivas de organismos bentónicos. Las gorgonias, como la Paramuricea clavata, los corales rojos y las esponjas, han sufrido episodios catastróficos (registrados en 1999 y 2003, y que se han repetido en los últimos años), a menudo agravados por patógenos que proliferan con el calor.
En 2024-2025 se registraron mortandades de peces e invertebrados en España, Italia y Grecia. La Posidonia oceanica, el bosque endémico que estabiliza los fondos marinos y alberga a miles de especies, corre el riesgo de sufrir un declive masivo con un calentamiento adicional de 0,8 °C, hasta desaparecer en muchas zonas a finales de siglo.

Lo mismo ocurre con las algas pardas. Las especies de peces autóctonas se ven sometidas a una fuerte presión. Muchos peces de aguas templadas se desplazan hacia el norte o a mayor profundidad en busca de aguas más frescas, lo que reduce las poblaciones locales.
Las previsiones apuntan a una posible reducción del 30-40 % de las poblaciones de peces con un aumento adicional de 0,8 °C. La reproducción, la migración y la disponibilidad de alimento se ven alteradas, lo que provoca desincronizaciones en la red trófica.
El problema de las especies exóticas
Este calentamiento abre la puerta a cientos de especies exóticas termófilas, procedentes sobre todo del mar Rojo a través del canal de Suez (especies lessepsianas) o del transporte marítimo. Ya hay más de 1000 especies no autóctonas, y muchas de ellas se están convirtiendo en invasoras.
Estas especies, favorecidas por el calor, modifican hábitats enteros y transforman bosques de gorgonias o praderas de posidonia en paisajes dominados por organismos tropicales, lo que conlleva una pérdida de complejidad ecológica y de servicios ecosistémicos (protección costera, captura de carbono y zonas de cría para especies comerciales).